Las almas respiran en el sueño. La grandeza del hombre se cuela en el sueño. Hoy ya no respiramos, nos ahogamos. Hemos suprimido los sueños, como hemos suprimido el alma y el cielo.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
"La lectura es la gimnasia del cerebro. El faro que alumbra el camino hasta el puerto de la razón. Un libro es, ante todo, una brújula que evita que nos desorientemos en el vasto territorio de la vida."
La bailarina y el inglés, Emilio Calderón.
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sábado, 1 de diciembre de 2012
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
Empecé mi vida como una delincuente. Fugándome fumando en los pasillos del palacio extrañas hierbas que me mareaban, me hacían saltar muros, correr en la noche, bailar como una desquiciada., coger a un chico, o dos, follar en un triste coche mientras en el asiento de atrás retozaba otra pareja. Sin parar. Crestas punks, imperdibles enormes en camisetas desgarradas, bota chaveteadas, medias agujereadas, botellas de alcohol a morro, uñas negras, ojos cubiertos de khol y de rímel corrido... Los polvos apresurados, las palabrotas, los cortes de manga, las drogas que se prueban como si fueran pastillas de menta.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
- Mamá, ¿qué es lo que quieren los hombres?
Joséphine se sentía terriblemente impotente. Un hombre no te quiere por tus virtudes, un hombre no te quiere porque estés siempre ahí, un hombre no te quiere si eres un soldado fiel. Un hombre te quiere por una cita a la que no acudes, un beso que rechazas, una palabra que no pronuncies.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
- Querer mucho ¿es como amar?
- No, amar se conjuga sin adverbio ni condición...
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
- No, amar se conjuga sin adverbio ni condición...
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
-¿Sabes lo que hace falta en la vida?
Alexandre negaba con la cabeza.
- Hace falta amar. Con todas las fuerzas. Darlo todo sin esperar nada a cambio. Y entonces funciona. ¡Pero parece tan sencillo que nadie se cree esa fórmula! Cuando amas a alguien, ya no tienes miedo de morir, ya no tienes miedo de nada...
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Alexandre negaba con la cabeza.
- Hace falta amar. Con todas las fuerzas. Darlo todo sin esperar nada a cambio. Y entonces funciona. ¡Pero parece tan sencillo que nadie se cree esa fórmula! Cuando amas a alguien, ya no tienes miedo de morir, ya no tienes miedo de nada...
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
viernes, 12 de octubre de 2012
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
No estamos obligados a ser felices constantemente ni como todo el mundo.. la felicidad hay que inventarla, hay que hacerla a la medida de uno, no existe un modelo único.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
A menudo la vida se divierte. Nos ofrece un diamante escondido debajo de un billete de metro o del faldón de una cortina. Emboscado en una palabra, una mirada, una sonrisa algo tonta.
Hay que fijarse en los detalles. Ellos siembran nuestra vida de piedrecitas que nos guían. La gente bruta, la gente apresurada, lo que llevan guantes de boxeo o dan patadas a las piedras, ignoran los detalles. Quieren cosas pesadas, imponentes, brillantes, no quieren perder un minuto agachandose por una moneda, una brizna de paja, la mano temblorosa de un hombre.
Pero si nos agachamos, si detenemos el tiempo, descubrimos diamantes en una mano tendida...
O en una papelera.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Hay que fijarse en los detalles. Ellos siembran nuestra vida de piedrecitas que nos guían. La gente bruta, la gente apresurada, lo que llevan guantes de boxeo o dan patadas a las piedras, ignoran los detalles. Quieren cosas pesadas, imponentes, brillantes, no quieren perder un minuto agachandose por una moneda, una brizna de paja, la mano temblorosa de un hombre.
Pero si nos agachamos, si detenemos el tiempo, descubrimos diamantes en una mano tendida...
O en una papelera.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
Gracias, gracias. No lo he entendido todo, no lo recuerdo todo, pero tengo ganas de abrazarme al tronco de los castaños, de escalar los semáforos, de atrapar trozos de cielo.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
A menudo tendemos a creer que el pasado es pasado. Que no lo volveremos a ver. Como si estuviese grabado en una pizarra mágica y lo hubiésemos borrado. Creemos también que con los años hemos hecho desaparecer los errores de juventud, sus amores de pacotilla, sus fracasos, sus cobardías, sus mentiras, sus pequeños acomodos, sus falsedades.
Pensamos que hemos barrido todo aquello. Que lo hemos dejado bien escondido bajo la alfombra. Nos decimos que el pasado tiene un bueno nombre: pasado.
Pasado de moda, pasado de fecha, sobrepasado.
Enterrado.
Estamos ante una página nueva. Una página que lleva el bonito nombre de futuro. Una vida que enarbolamos, que nos enorgullece, una vida que hemos elegido. En el pasado, en cambio, no siempre podíamos elegir. Sufríamos nos influían no sabíamos que pensar, nos buscábamos decíamos que sí, decíamos que no, decíamos puede, sin saber por qué. Para eso inventaron la palabra <<pasado>>: para meter en ella todo lo que nos molestaba, lo que nos hacía ruborizar o temblar. Y entonces, un día, vuelve. Arrambla con el presente. Se instala. Contamina.
E incluso termina por ensombrecer el futuro.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Pensamos que hemos barrido todo aquello. Que lo hemos dejado bien escondido bajo la alfombra. Nos decimos que el pasado tiene un bueno nombre: pasado.
Pasado de moda, pasado de fecha, sobrepasado.
Enterrado.
Estamos ante una página nueva. Una página que lleva el bonito nombre de futuro. Una vida que enarbolamos, que nos enorgullece, una vida que hemos elegido. En el pasado, en cambio, no siempre podíamos elegir. Sufríamos nos influían no sabíamos que pensar, nos buscábamos decíamos que sí, decíamos que no, decíamos puede, sin saber por qué. Para eso inventaron la palabra <<pasado>>: para meter en ella todo lo que nos molestaba, lo que nos hacía ruborizar o temblar. Y entonces, un día, vuelve. Arrambla con el presente. Se instala. Contamina.
E incluso termina por ensombrecer el futuro.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
- Me sigo preguntando qué hacen las ardillas por la noche - suspiró Gary -. ¿Duermen de pie, tumbadas o acurrucadas como una bola en un nido?
- Respuesta número tres. Las ardilla duermen en un nido, la cola les cubre la cabeza. El nido está hecho de ramitas, hojas y musgo. en el árbol, a una altura no superior a nueve metros para que no se lo lleve el viento...
- ¿Acabas de inventártelo?
- No. Lo leí en un Spirou... Y pensé en ti...
- ¡Ajá! ¡Así que piensas en mí! - Exclamó Gary levantando el brazo en señal de victoria.
- Muy de vez en cuando.
- ¡Y finges ignorarme! Como la perfecta indfierente.
- Strategy of love, my dear!
- Y tú, Hortense Cortés, eres invencible en montar estrategias, ¿verdad?
- Simplemente soy lúcida...
- Me das pena, te impones límites, te atas, te encoges... Rechazas el riesgo. Sólo el riesgo puede poner la carne de gallina...
- Me protejo, que es distinto... ¡No soy de las que piensan que el sufrimiento es el primer paso para conseguir la felicidad!
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
- Respuesta número tres. Las ardilla duermen en un nido, la cola les cubre la cabeza. El nido está hecho de ramitas, hojas y musgo. en el árbol, a una altura no superior a nueve metros para que no se lo lleve el viento...
- ¿Acabas de inventártelo?
- No. Lo leí en un Spirou... Y pensé en ti...
- ¡Ajá! ¡Así que piensas en mí! - Exclamó Gary levantando el brazo en señal de victoria.
- Muy de vez en cuando.
- ¡Y finges ignorarme! Como la perfecta indfierente.
- Strategy of love, my dear!
- Y tú, Hortense Cortés, eres invencible en montar estrategias, ¿verdad?
- Simplemente soy lúcida...
- Me das pena, te impones límites, te atas, te encoges... Rechazas el riesgo. Sólo el riesgo puede poner la carne de gallina...
- Me protejo, que es distinto... ¡No soy de las que piensan que el sufrimiento es el primer paso para conseguir la felicidad!
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
<<¿Sabes, Zoé? La vida es bella, pero el mundo no...>>
Y eso le había encantado, la vida es bella, pero el mundo no, porque eso la llenaba.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Y eso le había encantado, la vida es bella, pero el mundo no, porque eso la llenaba.
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes
- Tenías razón... No hay nada extraordinario en estar en brazos de un chico de la Julliard School.
Él se apartó, sorprendido y furioso.
- ¿Cómo que <<nada extraordinario>>?
- ¡No! La rutina habitual..., creo incluso que prefiero al Gary de París o de Londres...
- Ah...
La miró un momento en silencio, confiado, preguntándose si bromeaba o no. Ella canturreaba, jugaba con los botones de su camisa haciendo la mueca de la que está un poco decepcionada.
Entonces él bramó me vas a volver loco, Hortense Cortès, ¡me vas a volver loco! La abrazó con fuerza y la besó como si su vida dependiera de ello.
La ardilla gris, en el umbral de la cabaña, les contemplaba royendo su cacahuete.
Debía de pensar que, al final, los lunes en Central Park no eran tan tristes...
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
Él se apartó, sorprendido y furioso.
- ¿Cómo que <<nada extraordinario>>?
- ¡No! La rutina habitual..., creo incluso que prefiero al Gary de París o de Londres...
- Ah...
La miró un momento en silencio, confiado, preguntándose si bromeaba o no. Ella canturreaba, jugaba con los botones de su camisa haciendo la mueca de la que está un poco decepcionada.
Entonces él bramó me vas a volver loco, Hortense Cortès, ¡me vas a volver loco! La abrazó con fuerza y la besó como si su vida dependiera de ello.
La ardilla gris, en el umbral de la cabaña, les contemplaba royendo su cacahuete.
Debía de pensar que, al final, los lunes en Central Park no eran tan tristes...
Las ardillas de Central Park están tristes los lunes, Katherine Pancol.
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