- En los libros, la verdad hace que todo sea bueno y agradable. La bondad prevalece. La maldad pierde. hay felicidad. Pero la vida no es así.
- No- le doy la razón-. Aquí la verdad sólo sirve para conocer las cosas.
Miramos el cielo y las nubes.
- ¿Por qué tenemos que preocuparnos tanto, entonces?- pregunta Ann.
- Porque la ilusión no dura siempre. Nadie tiene tanta magia.
Nos quedamos en silencio. Nadie se atreve a hacer una broma, a hablar de lo que nos ha sucedido o de lo que nos puede suceder. Estamos allí, juntas y en silencio. Y en ese momento entiendo que tengo amigas de verdad. Que algunas veces tu lugar no es algo que encuentras sino algo que tienes cuando necesitas.
Ángeles rebeldes, Libba Bray.
"La lectura es la gimnasia del cerebro. El faro que alumbra el camino hasta el puerto de la razón. Un libro es, ante todo, una brújula que evita que nos desorientemos en el vasto territorio de la vida."
La bailarina y el inglés, Emilio Calderón.
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domingo, 4 de diciembre de 2011
La orden de la academia Spence
- Ah..., esta 'gachí' es tuya. Disculpa, amigo.
Kartik se ríe.
- No es... - Se interrumpe-. Sí, es mía.
Me coge de la mano y me aparta del círculo.
Nos sigue un coro de silbidos y ovaciones. Otra mano me coge de la muñeca libre. Es del chico de la nariz grande que he visto antes.
- ¿Como sabemos que es tuya? No parece muy dispuesta - bromea -. A lo mejor me prefiere a mí.
Kartik vacila, lo suficiente para provocar parcas risas de sospecha entre los hombres. El otro muchacho me tiene cogida con fuerza y noto el miedo, frío y metálico, en la boca. No hay tiempo para recatos. Aquí no sirve la razón. Sin previo aviso, beso a Kartik. Sus labios, apretados contra los míos, me sorprende. Son cálidos, ligeros como el aliento, firmes como la piel de un melocotón contra mi boca. Un olor a canela quemada pende en el aire, pero no estoy teniendo una visión. Es su olor, que me ha impregnado. Un olor que me contrae el estómago. Un olor que aleja de mi cabeza todo pensamiento y lo sustituye por una irresistible sed de más.
La lengua de Kartik se desliza un momento entre mis labios, y me crispo. Me aparto, sin aliento, ruborizada. No puedo mirar a nadie; y menos a Felicity y a Ann. ¿Y ahora qué pensarán de mí? ¿Qué pensarían si supieran lo mucho que me ha gustado? ¿Qué clase de chica soy que disfruto con un beso que he dado con tal descaro, sin esperar a que me lo pidieran, como habría sido lo correcto?
Un hombre fornido se echa a reír.
- ¡Ya veo que es tuya!
- Sí - dice Kartik con voz ronca.
Kartik se ríe.
- No es... - Se interrumpe-. Sí, es mía.
Me coge de la mano y me aparta del círculo.
Nos sigue un coro de silbidos y ovaciones. Otra mano me coge de la muñeca libre. Es del chico de la nariz grande que he visto antes.
- ¿Como sabemos que es tuya? No parece muy dispuesta - bromea -. A lo mejor me prefiere a mí.
Kartik vacila, lo suficiente para provocar parcas risas de sospecha entre los hombres. El otro muchacho me tiene cogida con fuerza y noto el miedo, frío y metálico, en la boca. No hay tiempo para recatos. Aquí no sirve la razón. Sin previo aviso, beso a Kartik. Sus labios, apretados contra los míos, me sorprende. Son cálidos, ligeros como el aliento, firmes como la piel de un melocotón contra mi boca. Un olor a canela quemada pende en el aire, pero no estoy teniendo una visión. Es su olor, que me ha impregnado. Un olor que me contrae el estómago. Un olor que aleja de mi cabeza todo pensamiento y lo sustituye por una irresistible sed de más.
La lengua de Kartik se desliza un momento entre mis labios, y me crispo. Me aparto, sin aliento, ruborizada. No puedo mirar a nadie; y menos a Felicity y a Ann. ¿Y ahora qué pensarán de mí? ¿Qué pensarían si supieran lo mucho que me ha gustado? ¿Qué clase de chica soy que disfruto con un beso que he dado con tal descaro, sin esperar a que me lo pidieran, como habría sido lo correcto?
Un hombre fornido se echa a reír.
- ¡Ya veo que es tuya!
- Sí - dice Kartik con voz ronca.
La orden de la academia Spence, Libba Bray.
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Dulce y lejano
Un erizo sale huyendo de detrás de un arbusto, dándome un buen sobresalto. Pasa como una flecha delante de nosotros, parece tener mucha prisa. Kartik hace un gesto de asentimiento hacia esa cosa peluda.
- No te preocupes por él. Ha salido para encontrase con su enamorada.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque lleva puesto su mejor traje de erizo.
- Ah, debería de haberme fijado - respondo, contenta de poder jugar a ese juego, a cualquier juego con él. Pongo una mano en el tronco de un árbol y doy la vuelta a su alrededor lentamente, dejando que mi cuerpo sienta el peso de la gravedad -. ¿Y por qué se ha puesto su mejor traje?
- Ha estado de viaje en Londres, ¿sabes?, y ahora ha vuelto para verla - continúa Kartik.
- ¿Y si ella está enfadada con él por haberla dejado sola durante tanto tiempo?
Kartik da vueltas detrás de mí.
- Ella le perdonará.
- ¿Ah, sí? - pregunto con mordacidad.
- Eso espera él, puesto que no era su deseo ofenderla - responde Kartik.
Ya no estoy segura de que estemos hablando del erizo.
- No te preocupes por él. Ha salido para encontrase con su enamorada.
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque lleva puesto su mejor traje de erizo.
- Ah, debería de haberme fijado - respondo, contenta de poder jugar a ese juego, a cualquier juego con él. Pongo una mano en el tronco de un árbol y doy la vuelta a su alrededor lentamente, dejando que mi cuerpo sienta el peso de la gravedad -. ¿Y por qué se ha puesto su mejor traje?
- Ha estado de viaje en Londres, ¿sabes?, y ahora ha vuelto para verla - continúa Kartik.
- ¿Y si ella está enfadada con él por haberla dejado sola durante tanto tiempo?
Kartik da vueltas detrás de mí.
- Ella le perdonará.
- ¿Ah, sí? - pregunto con mordacidad.
- Eso espera él, puesto que no era su deseo ofenderla - responde Kartik.
Ya no estoy segura de que estemos hablando del erizo.
Dulce y lejano, Libba Bray.
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