Zsadist estaba sentado en la cama, con los anchos hombros echados hacia delante y los brazos cruzados alrededor de la cintura. Inclinado sobre el cuerpo durmiente de Rhage, permanecía tan cerca de él como era posible sin tocarlo. Se mecía adelante y atrás, y entonaba tenuemente una alegre canción.
El vampiro cantaba, su voz subía y bajaba, emitía octavas, se remontaba a las alturas y descendía a las profundidades. Hermosa. Absolutamente hermosa. Y Rhage estaba relajado, descansando con gesto pacífico como antes no había podido hacerlo.
Mary cruzó la habitación con rapidez y salió al pasillo, dejando solos a los dos hombres. A los dos vampiros.
El vampiro cantaba, su voz subía y bajaba, emitía octavas, se remontaba a las alturas y descendía a las profundidades. Hermosa. Absolutamente hermosa. Y Rhage estaba relajado, descansando con gesto pacífico como antes no había podido hacerlo.
Mary cruzó la habitación con rapidez y salió al pasillo, dejando solos a los dos hombres. A los dos vampiros.
Amante eterno, J. R. Ward.
No hay comentarios:
Publicar un comentario