Necesitaba llorar. No sabía por qué. Tenía demasiadas buenas razones. Ésta serviría. Buscó un trapo con la mirada, lo cogió y lo comprimió contra la herida.Me voy a convertir en fuente, en fuente de lágrimas, fuente de sangre, de suspiros...
Los ojos amarillos de los cocodrilos, Katherine Pancol.
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